El anillo que se recibe en la boda como muestra de la unión entre dos personas, está pensado para que acompañe a los contrayentes toda su vida. Pero los cambios de temperatura o la propia actividad que se realiza a lo largo del día son factores que pueden hacer que la alianza se sienta distinta. Cuando las temperaturas suben, el anillo queda más ajustado al dedo. Por el contrario, son los meses fríos los que consiguen que la joya quede suelta y pueda deslizarse hasta el nudillo.

Al deberse a estas razones, el cambio es apenas perceptible y no necesita modificaciones ya que se tratan de variaciones normales. Sin embargo, hay veces que puede suceder que haya que ajustar la talla, especialmente años después del enlace.

La razón puede ser querer actualizar la joya, cambiarla de dedo o, simplemente, que resulte menos cómoda por un cambio mayor de talla del dedo.

Y es que los cambios de peso son los que más a menudo pueden provocar que la alianza, que hasta ahora, siempre quedaba perfecta, no resulte cómoda. Ya sea por resultar justa de más, hasta el punto de que no se puede sacar fácilmente, como por quedar muy grande, lo suyo es volver a adaptarla al tamaño del dedo. Por suerte, esto es algo que se puede hacer fácilmente. Otra razón para dar el paso es que se sigue conservando la joya más especial de nuestra vida y desaparece el miedo de perderla en un descuido.

Cuando el motivo es que se quiere lucir en otro dedo, también se necesita un ajuste de tamaño para que encaje a la perfección.

Por lo general es entre una y dos tallas lo que se puede modificar la dimensión de una alianza en una joyería y es algo que tarda aproximadamente entre unos días y una semana, en función de la dificultad.

Aumentar el tamaño

¿Se ha quedado la alianza demasiado pequeña? Hay dos formas por las que se puede aumentar su tamaño: estirando el metal de la pieza o reelaborándola.

Mediante un proceso de estiramiento del material, la circunferencia del anillo se puede aumentar. Esta solución permite que incluso ante un cambio de talla notable, no haya que renunciar a la alianza.

Pero si el tamaño que se busca es todavía más grande, habría que buscar otra alternativa. El metal tiene un límite y la pieza puede correr peligro si se estira demasiado.

Es en ese caso que se debe reelaborar. Si lleva piedras preciosas, un grabado o combinación de dos metales formando parte del diseño, es más difícil el proceso. Al consultar con los expertos, se puede decidir con antelación si lo que compensa es hacerse con un anillo nuevo.

Disminuir el tamaño

Como decíamos, pasar el anillo a un dedo más fino o una pérdida significativa de peso pueden requerir que la alianza se reduzca. Ante esa situación, la solución más simple pasa por quitar el metal sobrante. Se realiza un corte de una pequeña parte y se vuelve a unir soldando el material y disminuyendo la circunferencia. Tras eso, la pieza se pule para que no quede muy visible el ‘corte’.

Aunque es un procedimiento bastante habitual, no todos los modelos se pueden someter a este proceso por su diseño, de ahí la importancia de que sea la propia joyería que hizo la alianza quien se encargue de adaptarla.

Por ejemplo, si el anillo es demasiado fino o demasiado grueso, es algo que dificulta la tarea del cambio de tamaño.

También hay materiales como es el caso del acero, titanio, carbono, zirconio o tántalo que no pueden cambiarse. Mientras que aquellos hechos en oro, platino, paladio o plata sí pueden adaptarse si se necesita cambiar el tamaño.